EL OFF ROAD EN EL MEDIO NATURAL

El Off Road y el medio natural

Capítulo II

AFECCIONES AL MEDIO NATURAL

 

Prácticamente cualquier actividad que se nos ocurra que pueda llevarse a cabo al aire libre en un entorno natural afecta de alguna manera al medio. Esas afecciones serán mas o menos importantes, duraderas, pasajeras, irreversibles o no, asumibles, escandalosas, inevitables, etc.

Desde algo tan sencillo como llevarse el “radiocasé”, que aparte de ser una completa horterada, afortunadamente está en desuso, o al menos no está tan extendido como hace algunos años, a desmontar dos hectáreas de monte y plantar un cementerio nuclear, hay un largo trecho en el que está el trial.

En el primer caso, el hortera de turno puede tener la feliz idea de llevarse a la familia a merendar a voz en grito debajo de un nido de águila perdicera, por ejemplo, y arruinar la “pollada” (con perdón, pero se llama así). Si tenemos en cuenta que quedan pocas parejas de éste ave, el “hortera” acaba de producir un pequeño desastre ecológico él solito (con ayuda de los niños y el radiocasé).

En éste caso, el desastre (involuntario eso si, no carguemos contra el hortera) es claramente evitable, pero no es irreversible. En el segundo caso, con nuestro cementerio nuclear, el desastre es desde luego irreversible pero desgraciadamente quizá sea inevitable.

Es evidente que la moto de campo, al menos en el 99% de los casos no produce efectos irreversibles, a no ser que lleves la mochila cargada de uranio radioactivo, y al beber en aquel riachuelo, se te caiga y la líes…pero sí evitables.

Las motos de trial, como las de cualquier otra actividad, deberían venir con un prospecto que nos aconsejara sobre su uso, sus dosis adecuadas, y sus efectos secundarios. Aparte de los sudores fríos ante ese cortado, dolores de cabeza ante esa avería de todos los días, etc. Su uso continuado produce adicción, y su uso inadecuado puede resultar perjudicial para el medio ambiente.

Lo que vamos a tratar es de conocer mínimamente de qué manera puede afectar el trial al medio natural, más adelante, veremos qué podemos hacer para evitar o minimizar esos “efectos secundarios”.

Nada más arrancar la moto tenemos ruido y emisión de gases contaminantes. Esto molesta generalmente a nuestro amigo el hortera del radiocasé que se acaba de cargar el 20% de la población mundial de águila perdicera. Estamos hablando de trial, luego lo más prudente sería alejarnos de éste individuo y buscar otras zonas.

A 50 metros nosotros oiremos su radio pero él no oirá nuestra moto. Las motos de trial no son especialmente ruidosas.

En cuanto a la emisión de gases contaminantes, esto molestará mucho al que mientras nos insulta se está preparando la barbacoa con la que inaugurará un bonito incendio que arrase unas miles de hectáreas.

Por lo tanto, y ahora totalmente en serio, estos dos factores, ruido y contaminación, si bien en algún momento puntual puedan molestar a otros usuarios, yo personalmente no considero que tengan importancia. Ojo, repito que estamos hablando de trial, y estamos dando por sentado que hacemos trial fuera de zonas de reserva, espacios protegidos, zonas de uso restringido y demás, es decir, fuera de aquellos lugares donde nuestra autolimitación de trialeros “medioambientalmente responsables” nos lo impide (ver capítulo de Legislación).

A la contaminación por emisión de gases, como digo prácticamente inexistente, el único caso en el que no podremos contestar al “ecologista de salón” de turno, es que nos encerremos en el garaje, arranquemos la moto y esperemos a que el oxígeno sea consumido, empecemos a respirar monóxido de carbono, y palmemos. Pero, insisto, hablar de contaminación atmosférica en la práctica del trial, sólo nos puede hacer reir.

Otro tipo de contaminación lo constituyen los vertidos de sustancias contaminantes. Dejando a un lado la mochila de uranio radioactivo que se nos cayó al río, es evidente, y casi sobraría decirlo, que bajo ningún concepto debemos tirar ningún tipo de residuo contaminante o poco degradable al suelo. Aceites, líquidos de frenos, plásticos, etc.

Una vez en marcha, aparte de estos dos factores, podemos empezar a generar problemas de erosión, que es donde realmente se producen afecciones.

No todos los tipos de terreno son igual de vulnerables, dependiendo fundamentalmente de su dureza y disposición.

El trial, básicamente se desarrolla sobre tres tipos generales de terreno; roca, tierra y agua, con todas sus combinaciones posibles, con o sin vegetación.

Evidentemente, la mayor vulnerabilidad le corresponde al agua y a la vegetación, y la menor, al menos teóricamente, a la roca.

• Las zonas basadas en piedra, que podrá ser mas o menos suelta o fija al terreno, son mas fácilmente alterables en función de su composición y dureza. Así, si una roca arenisca (frecuente por ejemplo en zonas como Molina de Aragón, en Guadalajara) se deshace con relativa facilidad después de pasar unas cuantas veces, será más difícil sobre pizarras (Somosierra y Sierra de Ayllón), mas aún sobre calizas, e imposible, ni aún dándonos cabezazos, sobre el granito, la roca mas abundante por ejemplo en la sierra de Guadarrama.

En éstas zonas de piedra también pueden verse afectados musgos, líquenes, hábitats de pequeños mamíferos o reptiles y sobre todo, plantas que llamamos “rupícolas” (crecen en las hendiduras de las piedras) y que suelen ser con frecuencia especies vulnerables.

En consecuencia, cuantos menos “habitantes” tenga la piedra, mejor…

• En las zonas de tierra (con o sin piedra suelta), el efecto que producimos puede ser la erosión, pero al igual que en caso de la roca, el efecto es más estético que otra cosa. No se podrá acusar al trialero de producir grandes pérdidas de suelo fértil y de conducir al planeta a la desertización.

En cuanto a las características del suelo, en terrenos predominantemente arenosos se producirá un efecto erosivo más acusado, y más aún cuantas más veces pasemos por el mismo sitio, y en los de textura más arcillosa se produce una compactación del suelo, mayor cuanto más húmedo esté. Para aclararnos un poco, cuanto más nos cueste quitar el barro de la moto y éste sea más pegajoso, el suelo tiene más arcilla.

• En cuanto a la vegetación, presente en mayor o menor medida en casi todos los terrenos, toda ella es vulnerable, pero en cualquier caso, el efecto una vez más es pasajero y puntual y el posible impacto es una vez más, visual.

Aquí tengo que recordar una vez más que estamos haciendo trial fuera de las zonas de reserva, espacios protegidos y montes de utilidad pública. En caso contrario, el impacto podría ser importante siempre que repitamos muchas veces la misma zona.

• El último tipo de zonas serían las de agua. En general pueden ser los ecosistemas más vulnerables. Nuestro paso puede tener efectos sobre la vegetación (de ribera o subacuática) y sobre la fauna, en cuanto a destrucción de su hábitat, ya que “la fauna” saldrá por patas o por aletas según corresponda a su condición. El agua, tanto corriente (arroyos y riachuelos) como estancada (charcas), suele albergar una vegetación y una fauna de los mas variada.

La charca más infecta y aparentemente putrefacta puede contener uno de los ecosistemas más complejos y vivos que nos imaginemos. Por algo se dice que el origen de la vida se sitúa en una charca de estas putrefactas (y viendo a alguno de estos que decíamos del “radiocasé” la verdad es que te lo explicas…).

Para terminar, otro efecto secundario indeseable sería el peligro de producir incendios. A pesar de lo novelesco que resulta el enmascarado que va sobre una moto prendiendo fuego por el monte, en la realidad es difícil, por no decir altamente improbable que podamos producir un incendio por el simple hecho de hacer trial. Peligroso será el cigarrito entre zona y zona por ejemplo, pero el funcionamiento de la moto en sí no debe suponer un riesgo, a menos que nos dediquemos a hacer “cortes de encendido” en el más puro estilo macarril. Debemos tener especial cuidado con las posibles chispas que se pudieran producir al rozar partes metálicas con piedra. Un cubrecarter o un chasis o basculante en caso de castañazo, podrían, aunque no es probable, producir chispas que pueden resultar peligrosas en caso de haber pasto seco. Es algo poco probable pero que en cualquier caso conviene vigilar.

En definitiva, por si a alguno de los que habéis llegado hasta aquí leyendo os han dado ganas de llorar y vender la moto por ser responsables del deterioro del planeta, tranquilos que no es para tanto. Resulta bastante evidente que el daño que el trial puede producir en la naturaleza es generalmente mas estético que otra cosa, con efectos, la mayoría de las veces pasajeros y puntuales, aunque por otra parte evitables en muchas ocasiones.

Las limitaciones legales a la práctica del trial son, en gran medida, producto de posturas “políticamente correctas” que tratan de evitar el deterioro medioambiental por acumulación de impactos de mediana o baja intensidad y, en muchas ocasiones, permiten o, al menos no limitan de manera suficiente, actividades mucho más impactantes.

En cualquier caso y como veremos más adelante, cuanto mas “humanizado” esté un terreno, menos impactante resultará que hagamos trial allí.

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Capítulo III

COMPARACIÓN CON OTRAS PRÁCTICAS

 

No se trata aquí de comparar el trial con otras actividades o actuaciones para que resulte muy perjudicado o para que salga muy beneficiado de la comparación. Frente al senderismo, por ejemplo, llevamos todas las de perder, pero al compararlo con la construcción de una autovía…

Como se dijo anteriormente, cualquier actividad que se desarrolle en el medio ambiente puede llegar a ser muy impactante. Baste ver lo trágica que puede resultar una inocente barbacoa campestre.

Por eso, como todas las comparaciones son odiosas, solamente vamos a ver como resulta el presunto impacto que produce el trial en la naturaleza, frente a otras actividades que aparentemente también pueden ser perjudiciales y que no siempre tienen tan mala prensa.

De entre las actividades, digamos no motorizadas, que podemos comparar en primer lugar se me ocurre, por ejemplo, y aunque pueda parecer absurdo, la caza, ampliamente extendida en el medio rural y también muy practicada por “ciudadanos”, en ocasiones por verdadera afición y en otras muchas por un cierto “snobismo hortera”. Si pudiéramos preguntar a los miles de animales de cuatro patas, aves y demás, que caen cada temporada, seguramente votarían por el trial como actividad preferida frente a la caza. La cuestión es que la caza aparte de extendida y fomentada, ordenadamente regulada no debe provocar ningún desequilibrio en el medio natural, pero desde luego al que no le guste la sangre le resultará repugnante y dificilmente comprensible. Además, la caza resulta una de las fuentes de ingresos más importantes en algunas zonas, con lo que, y dado que el trial genera pocos ingresos, ya tenemos perdedor en ésta comparativa. Me he dejado aparte los efectos colaterales de la caza, todoterrenos por todas las pistas, cartuchos, balas, residuos, etc. Pero en definitiva lo que quiero decir es que a efectos legales, la caza gana. (ojo, y procura no hacer trial en temporada de caza mientras están de batida, gancho, montería o cualquiera de sus formas porque te podrías llevar una sorpresita…).

Otra actividad tan interesante y pacífica como la recogida de setas puede llegar a ser tremendamente impactante cuando se practica sin conocimiento (uso de rastrillos para recolectar, paseos otra vez con el todoterreno o la “flagoneta”, mas residuos, etc.

Sin embargo es una actividad hasta cierto punto fomentada y que en la mayor parte del territorio carece de regulación. De todas formas vuelve a resultar perdedor el trial, aunque su impacto sea muchas veces menor. La pasta manda.

Mas actividades que pueden provocar impactos aunque no lo parezca ni, repito, gocen de mala fama, pueden ser por ejemplo el rafting, barranquismo, escalada, espeleología, etc. Todo será cuestión de que se practiquen con arreglo a una normativa, con sentido común y en lugares y épocas en las que su impacto sea menor…igual que el trial en definitiva.

Tenemos por otra parte lo que hemos llamado “actividades motorizadas”, y que podrán ser de dos o cuatro ruedas.

De los de cuatro ruedas tenemos que hablar de los “todoterreno”, últimamente muy de moda. Afortunadamente, un alto porcentaje se dedica casi exclusivamente a cargar las compras del “carrefour” o a recoger a los niños del colegio, pero incluso éstos, pisan de vez en cuando el campo para mancharse un poco de barro y poder justificar tan importante inversión.

En general, en esto de los todoterrenos pasa como en las motos, que hay gente para todo, pero algo evidente y que no puede discutirse es que si las motos resultan impactantes, los coches lo serán mucho más. Empezando por el número de cilindros, terminando por el número y dimensiones de las ruedas y pasando por su peso.

Vaya, por fin hemos llegado a algo en lo que el trial sale ganando…pues no, porque éste tipo de coches suele pertenecer a gente “respetable y respetuosa con el medio ambiente” (como por otra parte se encargan de vender las marcas) y además suelen tener pasta y no son unos “mindundis trialeros” que destrozan la naturaleza. Otra vez perdemos la comparativa, aunque sigamos ganando virtualmente.

Nos quedan los quads, nuestra última esperanza de parecer menos impactantes. Esta vez creo que ganamos. Vamos a ver.

Los Quads son divertidos, ruidosos, llevan cuatro ruedas de tacos bastante mas gordas que las de trial, están de moda, lo que implica que se vean más, y por si fuera poco se meten por todas partes, casi como las motos de trial. Todo esto en condiciones normales, así que figuraos cuando caen en manos de “fauna salvaje” carente de cerebro desarrollado.

Al fin hemos encontrado algo con peor prensa que el trial, ¡aleluya!. Que se vayan preparando los “Quadtreros” que van a por ellos.

Dentro de la “familia motera”, vamos a pasar revista en primer lugar al hermano enduro. Dados sus orígenes se le podría llamar “papá enduro”, pero digo hermano aunque alguno se empeñe últimamente, por lo menos en Madrid, en “hacer de Caín”.

El Enduro básicamente resultará igual o más impactante que el trial. Las motos, en general resultan más ruidosas, los neumáticos tienen tacos con perfil más pronunciado capaces de ser potencialmente más erosivos.

El enduro se desarrolla en un entorno más amplio que el del trial, puesto que cubre desde caminos de uso autorizado a sendas, y zonas trialeras, por lo que tendría como mínimo los mismos inconvenientes desde el punto de vista ambiental.

Los recorridos son mayores, con lo que el efecto se multiplica al resultar más visible, y esto creo que es fundamentalmente lo que hace que, al menos en mi opinión, el enduro tenga en general peor fama que el trial. Que en definitiva resulte más o menos impactante lo dejo a vuestro criterio, porque hay opiniones en los dos sentidos.

Con el “hermano motocross” podría pasar algo parecido pues las motos son básicamente como las de enduro, mas ruidosas, taco más agresivo, etc, pero la diferencia fundamental que hace caer la balanza de “menos impactante” al menos en teoría, es que se desarrolla en un circuito cerrado, lo que anula casi por completo su potencial daño al medio ambiente. Ahí tenemos una pista de cómo hacer más viable la práctica del trial, mas adelante lo veremos. Habrá que valorar el daño que supone la construcción de un circuito de motocross, con movimientos de tierra, alteraciones en los perfiles del suelo, etc.

La pega que tiene el motocross es que para mucha gente, ver una moto por el campo equivale a hacer motocross, con lo que se lleva las culpas sin comerlo ni beberlo. Claro que a este tipo de gente, si le dices que haces trial, igual se piensan que te dedicas a algún tipo de juego de mesa o que tienes un vicio inconfesable.

En resumen, en éste repaso tan superficial, queda claro que unos “crían la fama y otros cardan la lana”, vamos que muchas actividades que objetivamente tienen mayor impacto sobre el medio que el trial, son sin embargo bien vistas, interesantes económicamente, o directamente fomentadas por las mismas administraciones que limitan el uso de la moto de campo. .

 

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Capítulo IV

¿QUÉ PODEMOS HACER? PERSPECTIVAS DE FUTURO

 

Si empezara por el final diría que en mi opinión el futuro del trial “por libre” está muy negro, pero como se debe empezar por el principio, intentaré explicar que en gran medida, y en mi opinión, que sea más o menos negro depende de nosotros.

En primer lugar debemos hacer una distinción entre lo que podemos hacer desde el punto de vista legal y desde el punto de vista de nuestro comportamiento en el medio natural.

En cualquier caso, antes de plantearnos soluciones razonables siempre tenemos a nuestro alcance algunas otras más drásticas. Desde vender la moto, hasta dedicarnos al trial indoor en el salón de casa, suicidarnos quemándonos a lo bonzo delante de la sede de alguna asociación ecologista (si te decides por ésta opción, llámame antes y te guardo la moto...) etc. Creo que es más interesante intentar que esa tendencia negativa cambie, o que cambie al menos la percepción que hay en general sobre la moto de campo.

En cuanto a nuestro comportamiento, hay que tener en cuenta que el medio natural, nuestro entorno, soporta cada día innumerables agresiones y está sometido a una creciente presión por la acción del hombre. Es evidente que el trial no resulta beneficioso para el entorno, por lo tanto, cualquier tentación de intentar venderlo como algo que contribuye a mejorar el medio ambiente debe ser desterrada, hay que ser realistas y encaminar nuestro esfuerzo a que la degradación que pueda producir sea mínima y asumible.

Una buena puesta a punto de la moto contribuye a que resulte menos contaminante (un grano no hace granero, pero ayuda al compañero...). Debemos utilizar la moto con sentido común, valorar de antemano qué efecto puede tener lo que vamos a hacer. Siempre hay alternativas en una zona concreta que con una variación mínima pueden resultar menos impactantes aunque estemos de acuerdo en que sean impactos meramente visuales, y no por ello desdeñables. Aunque en principio cuanto más se repite una zona más se acumula el daño y más lenta sería la recuperación, habrá gente que opine que es mejor “destrozar” una zona concreta que estropear más someramente una extensión mayor. En mi opinión habrá que ver en cada caso que importancia puede tener cada zona.

Una recomendación que haría el mismísimo Perogrullo es que se note lo menos posible nuestro paso, en definitiva no dejar “recuerdos” ni generar ningún tipo de residuos. Nadie va a ir después a recogerlo. Esto lo tenemos claro los que participamos en la operación limpieza previa de la zona donde se desarrolló el trial de Collado Mediano.

Actividades de éste tipo, además de servir (aunque parezca mentira) para pasar un rato divertido, tienen un indudable efecto beneficioso sobre el entorno, pero deben tener también una repercusión mediática adecuada, que sea un buen punto de partida para remover prejuicios sobre la fauna trialera.

Debemos evitar las zonas en las que nuestro sentido común nos diga que el daño que podemos causar no compensa lo bien que nos lo vamos a pasar. Busquemos variantes o directamente nos vamos a otro sitio.

Las zonas más humanizadas son las que resultan en principio menos vulnerables, principalmente porque alguien antes que nosotros se ha encargado de cargárselas, generalmente con todas las bendiciones. Vuelvo a mencionar aquí los terrenos urbanizables. En éste caso algo que está a nuestro alcance es ser capaces de explicar el contrasentido que supone que no se pueda hacer trial en terrenos en los que dentro de un mes o quizá de diez años, va a haber una bonita urbanización, o un vertedero, o incluso una autopista.

Otro factor negativo es el ruido, aunque ya sabemos que en general las motos de trial no son especialmente ruidosas, habrá que esforzarse en conseguir motos que hagan menos ruido, las fábricas deben ir en esa línea porque técnicamente es posible, aunque eso conlleve pérdidas de potencia. De qué me sirve tener una moto muy bonita, muy dócil, muy eficaz, etc, si no la puedo usar porque hace mucho ruido y nos crea mala fama. Realmente no es muy comprensible que las fábricas, a quien les debe interesar como al que más que se potencie una determinada especialidad, sean capaces de poner a la venta modelos descaradamente más ruidosos que los anteriores. No se comprende que para disminuir las emisiones contaminantes de un motor de trial de dos tiempos, se fabrique un motor de cuatro tiempos, quizá menos contaminante, pero mucho más ruidoso. Desde luego creo que es un factor a revisar cuanto antes.

En cuanto a nuestra actuación desde el punto de vista legal, como punto de partida estaremos de acuerdo en que aparte de no producir beneficios sobre el medio ambiente, el trial tampoco aporta nada positivo desde el punto de vista económico. Al “paisano” propietario del terreno donde hacemos trial, no le reporta ningún beneficio, lo que contribuye al futuro negro que pintaba al principio. Vuelvo a incidir en la necesidad de conocer la legislación que de alguna u otra forma puede afectarnos, es decir, estar informados de nuestros derechos y obligaciones.

Es evidente que el trial “original” de travesía tiene los días contados, por lo que habrá que intentar adaptarse a las circunstancias.

Como aportación, se debe intentar la creación de espacios cerrados para la moto de campo. De igual manera que existen circuitos de motocross, pueden plantearse “circuitos” de trial en espacios de propiedad particular o municipal (esto ya está inventado…parc motor) en los que evidentemente nadie nos va a pedir la matrícula ni el seguro, igual que no se hace en el motocross o la velocidad. Esta posibilidad puede plantearse como un negocio en el que pagas por “utilizar” un terreno que otros se encargan de gestionar o simplemente, a semejanza con los cotos de caza y salvando todas las distancias, un espacio en el que después de evaluar una serie de parámetros y tras cumplir los requisitos que hubiera que establecer (evaluación de impacto ambiental, duración del contrato o cesión, condiciones, fianzas, etc.) un grupo de amiguetes, un motoclub o incluso, porqué no, las propias federaciones, gestionan un terreno en el que se pueda autorizar hacer trial. Quizá haya que tender a que todo el que quiera practicar trial de una forma legal tenga que estar de alguna manera acogido al amparo o disciplina de algún tipo de mutualidad o, directamente, de una federación deportiva.

La legislación se vuelve cada vez más restrictiva quizá porque no sabemos explicar que los temidos efectos perjudiciales del trial o de la moto de campo en general no lo son tanto.

El legislador, como en cualquier otro ámbito, probablemente tiende a restringir porque le resulta mucho más fácil, y al fin y al cabo el trial, comparativamente, lo practican cuatro gatos y no tiene ninguna ventaja para nadie que no sea el que lo practica... “el que no llora no mama”.

Pero también lo hace en muchas ocasiones por desconocimiento. Desde luego no se puede negar que a cañonazos también se matan las moscas.

Es conveniente tratar de cumplir y apoyar aquellas normativas que, dentro de las limitaciones que establecen para el uso de la moto de campo en el medio natural, como montes de utilidad pública, espacios protegidos, reservas, etc, dejan la puerta abierta a que se pueda hacer trial en determinadas zonas y de determinadas formas. Es lo que hay. En algunas comunidades autónomas simplemente se prohibe, lo que de antemano te convierte casi en un presunto delincuente.

En este sentido pienso que es interesante y necesario crear puntos de encuentro con las Administraciones Autonómicas e incluso Municipales con competencias en materia forestal o medioambiental, para establecer claramente una delimitación espacial en función de valores naturales, figuras de protección ambiental, especial peligrosidad en épocas de peligro de incendio o cualquier otro factor que pueda resultar limitante.

Como resultado, y previo “ajuste legislativo” si fuera necesario, se establecería una zonificación a cada nivel (autonómico o municipal) en el que quedaran reflejados básicamente tres tipos de terreno:

-Aquellos en los que de acuerdo a esos parámetros deba prohibirse el uso de cualquier tipo de vehículo (no sólo las motos, evidentemente) exceptuando los autorizados para la gestión del territorio (Administraciones, propietarios, aprovechamientos forestales y ganaderos, etc.).

-Terrenos en los que únicamente puedan autorizarse competiciones, amparadas por federaciones deportivas, y sujetas a una normativa específica que puede incluir sistemas de rotación para impedir la degradación de una zona concreta.

-Zonas en las que se autorice el uso de la moto de campo bajo una normativa de tipo más generalista, bien sea de forma libre o tendiendo gradualmente a promover la obligatoriedad de pertenecer a algún club, mutualidad, federación o cualquier otra forma de asociación que ejerza un mínimo control administrativo, como pueda ser la gestión de permisos de los propietarios de los terrenos.

Hoy en día, con la cantidad y calidad de información que manejan las Administraciones, con el soporte de los sistemas de información geográfica (SIG), apoyo y trabajo por parte de motoclubs y federaciones y un poco de voluntad de entendimiento por ambas partes, creo que es mucho más fácil de lo que parece llegar a establecer esta zonificación que abra la vía a la normalización del uso de la moto de campo.

En resumen, en cuanto a perspectivas de futuro, por decirlo en una palabra, “chungas”, si no somos capaces de arrimar el hombro, explicar realmente el daño que puede hacer el trial, si no conseguimos que el que legisla conozca el impacto que podemos causar y que debidamente regulado es perfectamente compatible con la conservación de la naturaleza.

Si por otra parte no respetamos lo que con sentido común es mínimamente exigible en un comportamiento medioambientalmente civilizado, acabamos con los macarrillas, destrozamatas y espantavacas ( a los que ya dije que no va dirigido esto, porque no lo van a leer), lo tendremos cada vez un poco más difícil.

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